¿Cómo implementar un hábito de forma efectiva?
Con una frecuencia como mínimo anual, la mayoría de las personas tenemos “arrebatos” en los cuales nos planteamos llevar a cabo determinadas actividades o tareas que vamos postergando desde hace tiempo o que, en el mejor de los casos, llegamos a realizar sin la continuidad que quisiéramos.
Es habitual que a finales de año o a inicios declaremos nuestra intención de progresar en actividades tales como el aprendizaje del inglés, el apuntarse al gimnasio o el ponernos a dieta (por recurrir a los más clásicos); el problema es que hay una mayoría de ocasiones en que “fallamos” en la implementación de este “nuevo” hábito, quedando este relegado hasta otro momento del año (o para el próximo). Es en estos casos cuando volvemos “al ataque” con renovadas energías y variedad de aprendizajes producto de los fracasos acumulados. Este tipo de situación, cuando no conseguimos nuestro objetivo, nos resta autoconfianza pues lo vivimos como una indefensión (sensación subjetiva que albergamos después de uno o varios fracasos y que nos comporta resignación y, por tanto, a veces cierta pasividad de cara a probarlo de nuevo).














