Cada ser humano tiene una particular forma de evolucionar y de desarrollarse, influida en parte por los discursos que ha escuchado en su infancia, por las experiencias vividas, por las habilidades que ha desarrollado, y por un largo etcétera de aspectos de diversa índole.
Este “bagaje de vida”, configura un particular “observador”, único e irrepetible, y es desde ese particular “observador” que somos, que nos “hacemos cargo de nuestra vida”. “Hacerse cargo de la vida de uno”, implica muchas cosas, pero sobre todo implica “elegir”. Cada persona, está en cierta medida condicionada por las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida, y quién somos a día de hoy, es algo así, como “el producto final” de las decisiones que tomamos en el pasado, sumado a los resultados de estas decisiones. Es obvio, que el “entorno” y las “circunstancias” donde hemos tomado estas decisiones, han contribuido en los resultados, no obstante, según diferentes estudios de diversas disciplinas en los últimos años, no parece que sean tan “determinantes” como antes creíamos.